viernes, 25 de abril de 2014

Caminando...

La verdad, hace mucho que tengo ganas de escribir algo, un reflexión, un pensamiento, algo. Pero me daba un poco de miedo la hoja en blanco, siempre tan desafiante ella, con ese aire de superioridad; mirándome como con cierto desdén, diciéndome: "si pretendés despojarme de mi blancura inmaculada con tus desprolijos garabatos, más te vale de que valga la pena". En fin, luego de decidirme a faltarle el respeto a dicha hoja (y como consecuencia, a cualquier lector hispano hablante que tenga el tiempo libre necesario para leer esto), traté de recopilar una serie de pensamientos que he tenido en los últimos meses y que, tal vez, para vos que estás leyendo esto te van a parecer verdades sobreentendidas de la vida. A pesar de eso, está bueno traerlas a la memoria de vez en cuando. Sin más preambulos, ahí va.
Para los que no me conocen bien, les cuento que cada tanto, disfruto de abstraerme un buen rato y cavilar sobre las cosas simples (y no tanto) de la vida. Normalmente ocupo el tiempo que me lleva caminar de un lado de la ciudad hacia otro para dicha tarea, aunque normalmente el uso (y abuso) de mi reproductor de mp3, no me permite concentrarme lo necesario como para formular algún tipo de máxima filosófica.
Hace poco, me encontraba caminando desde la casa de un amigo hacia mi casa (despojado de mi reproductor de mp3, claro) y mientras renegaba por el hecho de tener que caminar para desplazarme de un lado a otro, tuve una epifanía (lo cual, al contrario de lo que ustedes creen, no es una señora con un nombre chistoso, sino que es una especie de revelación divina o en un sentido más filosófico, sería algo como caer en cuenta respecto de una verdad universal). Me di cuenta que la vida, al fin y al cabo, se reduce a eso...al caminar. Pero no hablo de "caminar" en el sentido abstracto que se le imputa a la palabra cuando la usamos en frases como "el caminar por la vida" o "el caminar hacia el futuro", etc. Sino que me refiero, más bien, al caminar en su sentido más simple y literal, es decir; el hecho de desplazarse de un lugar a otro usando las extremidades inferiores como medio de locomoción.
Seguramente, si llegaste hasta estas instancias del texto, te estarás preguntando a donde quiero llegar con todo esto. Y en esa pregunta reside mi respuesta: ¿A dónde quiero llegar?. Esa es la pregunta que nos debemos hacer cuando salimos a caminar, y que normalmente tiene su respuesta implícita en nuestra lista de actividades diarias. Es una pregunta fácil de responder (la mayoría de las veces); ¿A dónde vas? -Al Banco- contestás, casi sin titubear; ¿A dónde vas? -A la escuela-; ¿A dónde vas? -Al trabajo-; etc. Siempre que salimos a caminar, sabemos por qué lo hacemos, siempre tenemos un destino preestablecido, inclusive cuando salimos a caminar con rumbo incierto, sabemos hacia donde vamos.
Ahora, abstraigámonos un poco, si es tan fácil responder esta pregunta cuando literalmente salimos a caminar, ¿por qué es tan difícil responder a la misma pregunta cuando nos referimos al "caminar por la vida"?. Quizás se deba a que vemos la vida como una serie de devenires concatenados unos con otros que se van decantando hacia algún resultado azaroso y, por lo tanto, prácticamente incierto; y no la vemos como una simple caminata, con un principio y un final; un orígen y un destino.
Al fin y al cabo, entendí que la vida se reduce a caminar, siempre de un lado a otro, con un destino preestablecido. Y siempre mantenerse caminando, aunque el ambiente que nos rodea cambie constantemente, siempre mantener el rumbo fijo. A veces podemos desviarnos un par de cuadras, para evitar un mal mayor o detenernos unos instantes a contemplar las virtudes (y también los peligros) de lo que nos rodea y después continuar viaje. Caminar, caminar y caminar hasta llegar al destino que elegimos. Y no te olvides de que si te perdés en el camino, nunca está demás parar a preguntar.
Te pregunto, ahora: ¿A dónde vas?...

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