martes, 29 de abril de 2014

Trabajando...

A veces me pongo a pensar sobre los propósitos de las cosas y las personas que hay en este mundo. No siempre llego a una conclusión específica, pero me tranquiliza entender que Dios es quien hace y/o permite que las cosas sucedan; y Él es infinitamente mas sabio que yo. Comprender que todas los cosas son parte de un gran plan maquinado cuidadosamente por Dios, es parte de comprender quienes somos, de donde venimos y hacia a donde vamos. Este es mi punto de vista y quizás vos, que estás leyendo esto, no compartís tal forma de ver las cosas, pero no es este el tema que quiero tratar hoy.
Hoy quiero hablar sobre por qué hacemos lo que hacemos a diario. En otras palabras, ¿por qué tenemos la rutina que tenemos? ¿Alguna vez lo pensaste?
Se que no soy el único que se ha dado cuenta de qué el ser humano, en la posmodernidad, lejos de haber evolucionado en su pensamiento, ha ido involucionado hasta convertirse en una maquina que cumple una tarea especifica; tanto en el trabajo, como en la sociedad, como en su familia, como en otras áreas de su vida. No me mal interpreten, no estoy en contra de las buenas costumbres de nuestra sociedad, sino que estoy en contra de los "vicios" de nuestra sociedad. Me parece correcto de que las personas trabajen por su sustento, pero no me parece correcto de que el trabajo sea lo primero en la vida de la gente. Esto es una clara muestra de que nuestra sociedad ha sido arrastrada por el consumismo y ha puesto su esperanza en las cosas materiales. He visto y he oído sobre gente que pasan por esta vida sin pena ni gloria, por malgastar su vida en un trabajo que nunca los dejó satisfechos y tampoco les dejó tiempo para las cosas importantes de esta vida (normalmente esas cosas son las que nos parecen mas "pequeñas", pero creo que éstas esconden la esencia misma de nuestra existencia).
No creo que debamos vivir fuera del "sistema", tampoco creo que debamos vivir para el "sistema"; sino que pienso que deberíamos usar el "sistema" en favor nuestro. Busquemos ocupar nuestras vidas en algo que nos apasione, algo que sirva tanto a nosotros como a quienes nos rodean. No deberíamos conformarnos con trabajar hasta ser parte del inventario de alguna multinacional o algo por el estilo. Tendríamos que entender que la superación económica, no tiene nada que ver con la superación personal.
Me gustaría que podamos reflexionar, todos los días, sobre el propósito de nuestra existencia. Pensemos: ¿Estamos conformes con nuestros trabajamos?¿Trabajamos porque nos gusta lo que hacemos o sólo lo hacemos por el dinero?¿Nuestra rutina diaria, nos esta llevando a donde queremos llegar?¿Estamos yendo al lugar correcto en nuestras vidas?¿Qué provecho sacamos, si ganamos el mundo y perdemos nuestra alma?
El Rey Salomón dijo una vez: "Me di cuenta de que no hay nada mejor para la gente que ser feliz con su trabajo. ¡Para eso estamos en este mundo! Nadie nos traerá de la muerte para que disfrutemos de la vida después de que hayamos muerto."

viernes, 25 de abril de 2014

Caminando...

La verdad, hace mucho que tengo ganas de escribir algo, un reflexión, un pensamiento, algo. Pero me daba un poco de miedo la hoja en blanco, siempre tan desafiante ella, con ese aire de superioridad; mirándome como con cierto desdén, diciéndome: "si pretendés despojarme de mi blancura inmaculada con tus desprolijos garabatos, más te vale de que valga la pena". En fin, luego de decidirme a faltarle el respeto a dicha hoja (y como consecuencia, a cualquier lector hispano hablante que tenga el tiempo libre necesario para leer esto), traté de recopilar una serie de pensamientos que he tenido en los últimos meses y que, tal vez, para vos que estás leyendo esto te van a parecer verdades sobreentendidas de la vida. A pesar de eso, está bueno traerlas a la memoria de vez en cuando. Sin más preambulos, ahí va.
Para los que no me conocen bien, les cuento que cada tanto, disfruto de abstraerme un buen rato y cavilar sobre las cosas simples (y no tanto) de la vida. Normalmente ocupo el tiempo que me lleva caminar de un lado de la ciudad hacia otro para dicha tarea, aunque normalmente el uso (y abuso) de mi reproductor de mp3, no me permite concentrarme lo necesario como para formular algún tipo de máxima filosófica.
Hace poco, me encontraba caminando desde la casa de un amigo hacia mi casa (despojado de mi reproductor de mp3, claro) y mientras renegaba por el hecho de tener que caminar para desplazarme de un lado a otro, tuve una epifanía (lo cual, al contrario de lo que ustedes creen, no es una señora con un nombre chistoso, sino que es una especie de revelación divina o en un sentido más filosófico, sería algo como caer en cuenta respecto de una verdad universal). Me di cuenta que la vida, al fin y al cabo, se reduce a eso...al caminar. Pero no hablo de "caminar" en el sentido abstracto que se le imputa a la palabra cuando la usamos en frases como "el caminar por la vida" o "el caminar hacia el futuro", etc. Sino que me refiero, más bien, al caminar en su sentido más simple y literal, es decir; el hecho de desplazarse de un lugar a otro usando las extremidades inferiores como medio de locomoción.
Seguramente, si llegaste hasta estas instancias del texto, te estarás preguntando a donde quiero llegar con todo esto. Y en esa pregunta reside mi respuesta: ¿A dónde quiero llegar?. Esa es la pregunta que nos debemos hacer cuando salimos a caminar, y que normalmente tiene su respuesta implícita en nuestra lista de actividades diarias. Es una pregunta fácil de responder (la mayoría de las veces); ¿A dónde vas? -Al Banco- contestás, casi sin titubear; ¿A dónde vas? -A la escuela-; ¿A dónde vas? -Al trabajo-; etc. Siempre que salimos a caminar, sabemos por qué lo hacemos, siempre tenemos un destino preestablecido, inclusive cuando salimos a caminar con rumbo incierto, sabemos hacia donde vamos.
Ahora, abstraigámonos un poco, si es tan fácil responder esta pregunta cuando literalmente salimos a caminar, ¿por qué es tan difícil responder a la misma pregunta cuando nos referimos al "caminar por la vida"?. Quizás se deba a que vemos la vida como una serie de devenires concatenados unos con otros que se van decantando hacia algún resultado azaroso y, por lo tanto, prácticamente incierto; y no la vemos como una simple caminata, con un principio y un final; un orígen y un destino.
Al fin y al cabo, entendí que la vida se reduce a caminar, siempre de un lado a otro, con un destino preestablecido. Y siempre mantenerse caminando, aunque el ambiente que nos rodea cambie constantemente, siempre mantener el rumbo fijo. A veces podemos desviarnos un par de cuadras, para evitar un mal mayor o detenernos unos instantes a contemplar las virtudes (y también los peligros) de lo que nos rodea y después continuar viaje. Caminar, caminar y caminar hasta llegar al destino que elegimos. Y no te olvides de que si te perdés en el camino, nunca está demás parar a preguntar.
Te pregunto, ahora: ¿A dónde vas?...