martes, 12 de agosto de 2014

Los sueños, ¿Sueños son?

Bueno, en primer lugar, quiero disculparme con ustedes (los pocos o muchos que leen mis updates) por estos meses de ausencia. A decir verdad, me gustaría tener una buena excusa, pero no la tengo. Quizás pueda deslindar un poco de responsabilidad, diciendo que no estuve "inspirado" pero, en definitiva, no me parece esa una buena excusa tampoco. En fin, dicho esto, paso a desarrollar el pensamiento "de turno".

En este último tiempo, he estado pensando acerca de los sueños y sus significados. Muchas veces soñamos escenarios surrealistas dignos de Dalí, dónde somos protagonistas de aventuras fantásticas y, a su vez, llenas de caras familiares, extraídas de nuestro día a día. Para serles sincero, no voy a adentrarme en tratar de descifrar esa clase de sueños. Vaya uno a saber que procesos físico-químicos suceden en nuestro cerebro para llevarnos a tener esas aventuras.
Los sueños que realmente me llaman la atención, son esos donde aparecen personas que no vemos hace tiempo, pero que significaron (o significan) algo para nosotros. En mi experiencia personal, me lleva tiempo olvidarme de esa clase de sueños. Tal vez, no recuerde el contexto general de dicho sueño, pero hay detalles que me quedan grabados y más aún las caras de estas personas, que quedan impresas casi como un recuerdo "real" en mi memoria.
Cuando tengo este tipo de sueños, me siento afortunado. Me gusta creer que, por alguna razón inexplicable, la otra persona también soñó conmigo y de esa manera, nos conectamos, volvimos a lugares que teníamos en común y recuperamos algún que otro sentimiento compartido. También me gusta creer que esos sueños son la manera más antigua y, de alguna manera, más fundamental que tenemos para mantenernos comunicados a la distancia, y que para que esa conexión se perpetúe debemos haber dejado un pedacito de nuestro ser en la otra persona y viceversa.
En fin, no tengo mucho más para agregar al respecto. Solo me queda saludar a esas personas que no veo hace mucho, pero me visitan en mis sueños. Espero volver a verlos pronto, aunque sea en los sueños.

viernes, 23 de mayo de 2014

Viajando...

Desde chico, siempre soñé con viajar. Soñaba despierto, me imaginaba las grandes ciudades del mundo y a sus calles bajo mis pies. Ya de grande, tuve la oportunidad de realizar algunos viajes, pero casi siempre dentro de mi país o a algún que otro país limítrofe. Aún así, no abandono (bajo ningún punto de vista), mi sueño de recorrer la orbe hasta donde pueda y el Señor, en su Perfecta Voluntad, así me lo permita.
Soy un convencido de que viajar (conocer lugares, gente y costumbres) es una de las pocas experiencias no traumáticas que le permiten al ser humano crecer en su comprensión, no sólo del mundo que lo rodea, sino también de si mismo. Sin embargo, en este último tiempo, comprendí que la verdadera belleza de viajar, no descansa enteramente en el destino al que se espera llegar, sino también en el camino y en la compañía. 
El destino, en si, solo crea un marco de percepción diferente de nuestra realidad cotidiana. De tal manera que tiende a deslumbrarnos, al ponernos en un ámbito desconocido.
El camino, es lo que nos marca, lo que nos ayuda a valorar de una forma cuantitativa la experiencia del viaje, propiamente dicho. Sin mencionar que, muchas veces, el camino se torna mas interesante que el destino que se pretende alcanzar.
Así mismo, la compañía es el verdadero condimento de los viajes. Una mala compañía puede arruinar cualquier viaje, sin importar cuán espectacular sea el destino. Viajar bien acompañado, multiplica por varias veces el valor cualitativo de esta experiencia. Siempre que vayas a viajar, asegurate de poner el mismo cuidado, que pusiste eligiendo el destino, en elegir quien te va a acompañar.
En fin, si te ponés a sacar cuentas, planificar un viaje es casi como planificar la vida misma, solo que en proporciones mas pequeñas. En otras palabras, siempre hay que tener bien en claro el destino, elegir bien la compañía y disfrutar al máximo el camino.

martes, 29 de abril de 2014

Trabajando...

A veces me pongo a pensar sobre los propósitos de las cosas y las personas que hay en este mundo. No siempre llego a una conclusión específica, pero me tranquiliza entender que Dios es quien hace y/o permite que las cosas sucedan; y Él es infinitamente mas sabio que yo. Comprender que todas los cosas son parte de un gran plan maquinado cuidadosamente por Dios, es parte de comprender quienes somos, de donde venimos y hacia a donde vamos. Este es mi punto de vista y quizás vos, que estás leyendo esto, no compartís tal forma de ver las cosas, pero no es este el tema que quiero tratar hoy.
Hoy quiero hablar sobre por qué hacemos lo que hacemos a diario. En otras palabras, ¿por qué tenemos la rutina que tenemos? ¿Alguna vez lo pensaste?
Se que no soy el único que se ha dado cuenta de qué el ser humano, en la posmodernidad, lejos de haber evolucionado en su pensamiento, ha ido involucionado hasta convertirse en una maquina que cumple una tarea especifica; tanto en el trabajo, como en la sociedad, como en su familia, como en otras áreas de su vida. No me mal interpreten, no estoy en contra de las buenas costumbres de nuestra sociedad, sino que estoy en contra de los "vicios" de nuestra sociedad. Me parece correcto de que las personas trabajen por su sustento, pero no me parece correcto de que el trabajo sea lo primero en la vida de la gente. Esto es una clara muestra de que nuestra sociedad ha sido arrastrada por el consumismo y ha puesto su esperanza en las cosas materiales. He visto y he oído sobre gente que pasan por esta vida sin pena ni gloria, por malgastar su vida en un trabajo que nunca los dejó satisfechos y tampoco les dejó tiempo para las cosas importantes de esta vida (normalmente esas cosas son las que nos parecen mas "pequeñas", pero creo que éstas esconden la esencia misma de nuestra existencia).
No creo que debamos vivir fuera del "sistema", tampoco creo que debamos vivir para el "sistema"; sino que pienso que deberíamos usar el "sistema" en favor nuestro. Busquemos ocupar nuestras vidas en algo que nos apasione, algo que sirva tanto a nosotros como a quienes nos rodean. No deberíamos conformarnos con trabajar hasta ser parte del inventario de alguna multinacional o algo por el estilo. Tendríamos que entender que la superación económica, no tiene nada que ver con la superación personal.
Me gustaría que podamos reflexionar, todos los días, sobre el propósito de nuestra existencia. Pensemos: ¿Estamos conformes con nuestros trabajamos?¿Trabajamos porque nos gusta lo que hacemos o sólo lo hacemos por el dinero?¿Nuestra rutina diaria, nos esta llevando a donde queremos llegar?¿Estamos yendo al lugar correcto en nuestras vidas?¿Qué provecho sacamos, si ganamos el mundo y perdemos nuestra alma?
El Rey Salomón dijo una vez: "Me di cuenta de que no hay nada mejor para la gente que ser feliz con su trabajo. ¡Para eso estamos en este mundo! Nadie nos traerá de la muerte para que disfrutemos de la vida después de que hayamos muerto."

viernes, 25 de abril de 2014

Caminando...

La verdad, hace mucho que tengo ganas de escribir algo, un reflexión, un pensamiento, algo. Pero me daba un poco de miedo la hoja en blanco, siempre tan desafiante ella, con ese aire de superioridad; mirándome como con cierto desdén, diciéndome: "si pretendés despojarme de mi blancura inmaculada con tus desprolijos garabatos, más te vale de que valga la pena". En fin, luego de decidirme a faltarle el respeto a dicha hoja (y como consecuencia, a cualquier lector hispano hablante que tenga el tiempo libre necesario para leer esto), traté de recopilar una serie de pensamientos que he tenido en los últimos meses y que, tal vez, para vos que estás leyendo esto te van a parecer verdades sobreentendidas de la vida. A pesar de eso, está bueno traerlas a la memoria de vez en cuando. Sin más preambulos, ahí va.
Para los que no me conocen bien, les cuento que cada tanto, disfruto de abstraerme un buen rato y cavilar sobre las cosas simples (y no tanto) de la vida. Normalmente ocupo el tiempo que me lleva caminar de un lado de la ciudad hacia otro para dicha tarea, aunque normalmente el uso (y abuso) de mi reproductor de mp3, no me permite concentrarme lo necesario como para formular algún tipo de máxima filosófica.
Hace poco, me encontraba caminando desde la casa de un amigo hacia mi casa (despojado de mi reproductor de mp3, claro) y mientras renegaba por el hecho de tener que caminar para desplazarme de un lado a otro, tuve una epifanía (lo cual, al contrario de lo que ustedes creen, no es una señora con un nombre chistoso, sino que es una especie de revelación divina o en un sentido más filosófico, sería algo como caer en cuenta respecto de una verdad universal). Me di cuenta que la vida, al fin y al cabo, se reduce a eso...al caminar. Pero no hablo de "caminar" en el sentido abstracto que se le imputa a la palabra cuando la usamos en frases como "el caminar por la vida" o "el caminar hacia el futuro", etc. Sino que me refiero, más bien, al caminar en su sentido más simple y literal, es decir; el hecho de desplazarse de un lugar a otro usando las extremidades inferiores como medio de locomoción.
Seguramente, si llegaste hasta estas instancias del texto, te estarás preguntando a donde quiero llegar con todo esto. Y en esa pregunta reside mi respuesta: ¿A dónde quiero llegar?. Esa es la pregunta que nos debemos hacer cuando salimos a caminar, y que normalmente tiene su respuesta implícita en nuestra lista de actividades diarias. Es una pregunta fácil de responder (la mayoría de las veces); ¿A dónde vas? -Al Banco- contestás, casi sin titubear; ¿A dónde vas? -A la escuela-; ¿A dónde vas? -Al trabajo-; etc. Siempre que salimos a caminar, sabemos por qué lo hacemos, siempre tenemos un destino preestablecido, inclusive cuando salimos a caminar con rumbo incierto, sabemos hacia donde vamos.
Ahora, abstraigámonos un poco, si es tan fácil responder esta pregunta cuando literalmente salimos a caminar, ¿por qué es tan difícil responder a la misma pregunta cuando nos referimos al "caminar por la vida"?. Quizás se deba a que vemos la vida como una serie de devenires concatenados unos con otros que se van decantando hacia algún resultado azaroso y, por lo tanto, prácticamente incierto; y no la vemos como una simple caminata, con un principio y un final; un orígen y un destino.
Al fin y al cabo, entendí que la vida se reduce a caminar, siempre de un lado a otro, con un destino preestablecido. Y siempre mantenerse caminando, aunque el ambiente que nos rodea cambie constantemente, siempre mantener el rumbo fijo. A veces podemos desviarnos un par de cuadras, para evitar un mal mayor o detenernos unos instantes a contemplar las virtudes (y también los peligros) de lo que nos rodea y después continuar viaje. Caminar, caminar y caminar hasta llegar al destino que elegimos. Y no te olvides de que si te perdés en el camino, nunca está demás parar a preguntar.
Te pregunto, ahora: ¿A dónde vas?...